Chile: Las Personas con discapacidad requieren Más derechos y Menos caridad

En Chile cada vez y con más frecuencia se habla de discapacidad. Los que poco saben (y poco se esfuerzan en saber) aún asocian discapacidad a la campaña que reúne dineros para niños con discapacidad física. Los aportes generosos para los mal denominados minusválidos.

Imagen de Fundación Nacional Discapacitados
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11 de Mayo, 2013 10:05

Ud. no lo diga, ni siga asociando discapacidad a la campaña anual que hace que Chile sea mirado en el concierto internacional con extrañeza. Se trata de algo mucho más profundo, se trata de derechos y de cómo las sociedades deben aprender a generar políticas a largo plazo que permitan la plena Inclusión o como se dice en el resto de Latinoamérica “La Plena Integración Social de las personas con Discapacidad”, hoy sujetas a derechos y a tratados internacionales que las protegen.  

Más allá de la terminología, que invita a utilizar uno u otro concepto, vamos a los hechos y a lo concreto. El organismo público creado en Chile en 1994 con la finalidad de proporcionar asistencia técnica y financiera a las personas con discapacidad Fonadis (rebautizado en 2010 como SENADIS) no cuenta con los recursos mínimos para realizar su función. En 2011, el presupuesto de SENADIS fue de alrededor de USD$ 22 millones, menos de la mitad de los USD$ 55.400.000 recaudado por Teletón ese mismo año.

Es decir, la oficina pública que, al menos en el papel, está encargada de velar por la integración del total de personas con discapacidad en Chile, cuenta con menos de la mitad del presupuesto anual, que el ente privado que atiende al 0,8%. Claramente hay algo que no anda bien en el mundo público y que la nueva administración de Estado, esa que asumirá en Marzo de 2014 tendrá el desafío de mejorar. Pareciera ser que los gobiernos intencionalmente inventan cifras risibles en discapacidad, con la finalidad de que no haya avances sustantivos. La pregunta es por qué.?

Si agregamos las repetidas fallas en la gestión de los gobiernos en el área de la discapacidad, que han detonado este año más que nunca en las principales ciudades de nuestro país, Valparaíso y Concepción entre ellas, doblamos el desafío. No el desafío de llegar a una meta económica vía cuenta corriente, sino a la meta de aunar los esfuerzos para mejorar la gestión en cuanto a protección de derechos.

El 13 de diciembre de 2006, se aprobó la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) que el Estado de Chile firmó y es parte en todos sus protocolos facultativos. En su artículo 1 declara que “el propósito de la Convención es promover, proteger y asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los Derechos Humanos y libertades fundamentales por todas las personas con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente.”

Respecto a esto, rescato las palabras de una de las integrantes de un Movimiento ciudadano de Personas con discapacidad conformado en Chile: “Estamos despertando, gritando literalmente por nuestros derechos. En Chile se promueve que las niñas y niños con discapacidad no nos sigamos escolarizando, que no terminemos nuestra enseñanza media o que derechamente nos conformemos con algunos “Talleres ocupacionales” donde se enseña solamente manualidades imposibles de poner en venta en el mercado, olvidando que el día de mañana nuestros padres morirán y que resultará difícil valernos por nosotros mismos”.

Agrega también “El Estado nos otorga una pensión miserable equivalente a un tercio de un sueldo mínimo a nivel nacional, o que en el mejor de los casos, trabajemos informalmente o en condiciones laborales sumamente precarias, salvo algunas empresas que cuentan con políticas de inclusión”. Lo concreto es que el 42% de las personas con discapacidad, no terminan su enseñanza básica y que al finalizar los estudios primarios, solo el 1% logra estudiar una carrera técnica o profesional.

Según cifras estatales, el 75% de las personas con discapacidad está cesante o desocupada, mientras que el restante porcentaje, del cual se presume trabaja, lo hace, según nos consta en trabajos informales y solo el 1% encuentra trabajo con contrato laboral. Digamos que el panorama nacional no es malo, sino pésimo. Mala imagen país, para una nación que ha firmado tratados internacionales con el objetivo (siempre en verbo futuro) de integrar. Gran oportunidad para quienes tenemos ideas progresistas, estudiantes, dirigentes, políticos, educadores y empresarios jóvenes que quieren ver un cambio en este estado de situación.

Finalmente y a propósito del día de la madre, mi saludo y reconocimiento a todas las madres y cuidadoras de personas con discapacidad. Conocemos por ejemplo a la Sra. Amelia Jiménez, quien es madre de Luis Miguel, joven de 25 años que se encuentra postrado desde su nacimiento. Ella, como miles de madres ha suplido, con su esfuerzo y el de su esposo, con sus propios y escasos recursos, la nula respuesta de un sistema que los excluye en las necesidades especiales que presenta Luis. Su madre y padre como muchos de los que usted puede conocer, son prácticamente héroes anónimos en un país donde se habla mucho de inclusión y estamos rodeados de expertos para todo, pero donde en la práctica “cada uno se las arregla como puede” y es el mercado el que regula salvajemente, esferas tan sensibles como esta.

En la marcha realizada en Valparaíso hace unas semanas, la consigna era: ¡No…No…No más caridad. Queremos Derechos, Justicia y Dignidad.!

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