Juan Carlos Cruz: “Hay miles de Karadima en el mundo”

Uno de los denunciantes y víctimas del ex párroco de El Bosque, Fernando Karadima, sostiene que los abusos de poder y el encubrimiento ejercidos por la jerarquía de la iglesia católica han quedado al descubierto. Aun así, explica que “eso es solo la punta del iceberg”.

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08 de Mayo, 2015 00:05
FOTO: Juan Andrés Inzunza

Miles de personas han visto la película de Matías Lira, El Bosque de Karadima, una historia basada en los abusos sexuales y de poder que se suscitaron en la parroquia El Bosque y que se hicieron públicos gracias a las denuncias de Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo.

Cruz, exitoso periodista actualmente radicado en Estados Unidos, sostiene que dichos abusos se vieron amparados por el silencio y la inoperancia de una jerarquía eclesiástica que hizo vista gorda de todo lo que ocurría. Una curia que a sabiendas de lo que sucedía ocultó información, dilató procesos y se sometió a la voluntad de un círculo de poder liderado por influyentes sacerdotes formados por Fernando Karadima.

Es especialmente crítico con el Papa Francisco, a raíz del nombramiento de Juan Barros como obispo de Osorno, una persona que –dice- “estaba parado al lado mío cuando Karadima me abusaba”. Explica que ha hecho llegar antecedentes de puño y letra al Sumo Pontífice y que no pierde las esperanzas de que se rectifique la decisión, aunque confiesa que el panorama se ve “débil y nebuloso”.

Entre viajes, reuniones y una agenda laboral muy exigente, Juan Carlos Cruz se detiene unos minutos para analizar la contingencia nacional y compartir sus impresiones respecto del revuelo que ha causado el nombramiento de Juan Barros en Osorno (obispo formado por Karadima), del impacto que ha tenido la película de Matías Lira en la sociedad chilena y entrega detalles del juicio que junto a James Hamilton y José Andrés Murillo han iniciado en contra del Arzobispado de Santiago.

Con todos los antecedentes públicos que existen respecto del caso Karadima y sus círculos de poder, ¿cómo te explicas la decisión del Papa Francisco de nombrar a Juan Barros como obispo de Osorno, considerando su cercanía con el ex párroco de El Bosque?

No lo puedo entender. Un hombre como Juan Barros, que veía los abusos y que estaba parado al lado mío cuando Karadima me abusaba no puede liderar una comunidad eclesiástica, ni en Osorno ni en ninguna parte. Barros presenció todos los abusos sexuales y de poder que efectuaba Karadima en El Bosque, siempre estaba con él, igual que Tomislav Koljatic (obispo de Linares); Horacio Valenzuela (obispo de Talca); y Andrés Arteaga (obispo auxiliar de Santiago).

Lo grave de todo esto es que el Papa sí sabía y conocía todos estos antecedentes, incluso lo comentó con el arzobispo de Concepción, Fernando Chomalí, quien me conoce personalmente. Entonces se me produce una contradicción tan grande, porque sigo siendo católico y deposité mucha confianza en el Papa Francisco. Sin embargo, nombrando a Barros en Osorno sólo confirma que sus titulares son una cosa y sus acciones otra muy distinta. Habla de tolerancia cero con los abusadores y sus encubridores, pero nombra a Barros en Osorno; pone a Errázuriz en su comité asesor más cercano y nombra cardenal a Ricardo Ezzati…ahí hay tres casos en los que queda claro que lo suyo son sólo titulares. Da pena.

Hace días enviaste al Papa Francisco una nueva carta, ¿tienes esperanzas de que se rectifique el nombramiento?

Mira, una vez Errázuriz (el cardenal) me dijo: “los tiempos de la iglesia no son los tiempos del mundo”…y en esa lógica sucedieron todos los abusos de Karadima, porque nunca se asumieron los temas con la urgencia que correspondía, o sea, todos sabían que él abusaba y nadie hacía nada.
No puedo entender que no haya un sentido de urgencia frente a algo que es tan grave, considerando los antecedentes que tiene Barros, y considerando a todo el pueblo de Dios en Osorno, donde están decepcionados, manifestándose todas las semanas, que tienen que soportar que Barros los reciba con Carabineros con perros…aun así, la Iglesia se toma “sus tiempos”. Lo último que pierdo es la esperanza, pero lo veo más bien débil y nebuloso.

El Bosque de Karadima

¿Viste la película?

Sí, gracias a un bonito gesto de Matías Lira (director), pude verla días antes del estreno.

¿Te contactaron para elaborar la película?

Sí. Me junté muchas veces con Matías Lira, nos reunimos por más de tres horas con Luis Gnecco (que interpreta a Fernando Karadima), nos reunimos con los guionistas, con el director de arte y con muchas personas.

¿Qué te pareció el producto final?

La película refleja absolutamente un Karadima perverso, tal cual era él, y Luis Gnecco hace un papel excepcional.  Se reflejan muy bien los abusos de conciencia, de poder y de manipulación. Se muestra muy bien la negligencia y la desidia de la Iglesia en Chile al protegerse entre ellos, en vez de proteger a los inocentes. En este sentido, la película refleja de muy buena manera cómo funcionaban varias cosas en El Bosque y en la jerarquía eclesiástica del país.

La película tiene que hablar por sí sola, que la vea mucha gente y que produzca efectos y debate en la sociedad. Tanto es así que la Iglesia tuvo que emitir una estrategia comunicacional para enfrentar los efectos de la película, pero pensando, obviamente, en su prestigio institucional, no en las víctimas.

Karadima

¿Cuántos Karadima hubo, hay y habrá en Chile y en el mundo porque las víctimas no se atreven a denunciar?

En el mundo hay miles de otros Karadima todavía. El abuso de poder y el encubrimiento que hace la jerarquía de la iglesia católica ha quedado al descubierto en nuestro país quizás gracias a nosotros, pero eso es solo la punta del iceberg. Es monstruoso y horrible.
Esto es como un cáncer. Si no sacas el tumor entero y luego haces una debida quimioterapia, el cáncer hará metástasis y seguirá haciendo daño. Entonces, la jerarquía piensa que con soluciones parche la cosa va a solucionar, pero empiezan a hacer agua por otros lados. Si no cortan el abuso sexual de raíz, sacando de la iglesia a los abusadores y a sus encubridores, esta cosa no parará nunca.

¿Crees que Fernando Karadima está mentalmente enfermo o que es consciente de sus atrocidades pero no tiene un dejo de arrepentimiento para pedir perdón?

Yo creo que Karadima se va a ir a la tumba sin pedir perdón. Es un perverso, sin duda, pero no es un loco o un interdicto como para no saber lo que estaba haciendo. Él nunca va a reconocer nada y creo que asume, dentro de su perversidad, que es un mártir de la iglesia, que sufrió por amor a Cristo y que se va a ir directo al cielo. Es un hombre degenerado, soberbio y terco, cuyos únicos dioses eran el poder, el dinero y el reconocimiento de sus súbditos.

La iglesia sostiene que Karadima recibió un duro castigo por parte del Vaticano, pero en televisión se han mostrado imágenes de él celebrando misa e, incluso, recibiendo la visita de Pilar Capdevila, esposa de Eliodoro Matte; ¿Qué te sucede cuando ves estas imágenes?

Ganas de vomitar, rabia e impotencia. No puedo explicarlo muy bien con palabras. Hay personas que se creen con el poder como para sentirse dueños de todo, pasándonos a llevar. Hay mucha más gente que lo va a ver y con regalías, fuera del horario de visitas. Hay víctimas silenciosas de Karadima, que nunca han hablado, que deben ver estas imágenes, lo ven celebrar misa y hacer lo que quiere, imagínate el horror.

Aquí hay que tener claro que hay toda una jerarquía que permite que pasen estas cosas, partiendo por Ezzati, junto a Ivo Scapolo, el nuncio apostólico de Chile que es un soberbio espantoso. A ellos no les importa que las víctimas sigan siendo traumatizadas y pateadas en el piso, porque les importa más su carrera personal para escalar en el poder eclesiástico que el bienestar de los inocentes.

Todo lo que te ha ocurrido, ¿ha soslayado tu fe?

Mi fe es soslayada a cada rato por estos hechos. Yo voy a misa todos los domingos aquí en Philadelphia (EE.UU.), pero mi fe desgraciadamente no es a prueba de balas. Hay días buenos y malos, pero sí lucho todos los días para mantener mi fe, porque no quiero dejar ganar a aquellos que han obrado mal y no permitiré que me roben mi fe y mi relación con Dios, porque mi fe me ha permitido mantenerme firme y caminando hacia adelante.

¿Te das cuenta que has asumido un rol como embajador mundial para la prevención del abuso sexual?

Cuando hace años con James Hamilton y José Andrés Murillo decidimos denunciar, nunca pensamos que el proceso iba a ser tan duradero. Es tan horrible y fuerte cómo la iglesia nos ha tratado a nosotros y cómo ha tratado a otros que no se atreven a hablar y al final te das cuenta que es un círculo que no se acaba.

Si yo me he convertido en un referente para alguien, no para recibir honores porque no los merezco ni los he buscado, pero si mi vida y mi ejemplo sirve para que otros puedan seguir su camino y salir de la oscuridad, me siento feliz a pesar de cualquier costo personal, porque sé lo que es querer suicidarse, sufrir y querer morirse. Si puedo ayudar a alguien a salir de esto, lo haré siempre feliz.

Cuando me paran en la calle y me agradecen, me abrazan y me entregan su cariño, me siento honrado porque me doy cuenta que la gente entiende que uno lo hace para ayudar a otros, a esos mismos que han recibido bofetadas de parte de la jerarquía eclesiástica.

Nueva demanda

Junto con James Hamilton y José Andrés Murillo han iniciado nueva demanda contra el Arzobispado de Santiago, ¿en qué consiste?

Esto tiene una historia: al principio, todo el proceso canónico se realizó a gusto de ellos (de la iglesia de Santiago), que no es ni ha sido la justicia de verdad que uno quisiera. Por eso seguimos con una demanda penal que se sobreseyó y luego con el juicio que llevó la Ministra Jessica González, en el que se constató que todas las acusaciones de abusos eran ciertas, que Karadima efectivamente abusó de nosotros y de muchos otros, pero desgraciadamente no se le pudo condenar porque los hechos estaban prescritos.

Esa sentencia de 84 páginas nos sirvió para poder iniciar una demanda civil que comienza ahora con el proceso probatorio en unas semanas más contra el Arzobispado de Santiago y contra quienes resulten responsables, porque aquí se dilataron procesos, se ocultó información.

¿Qué persigue específicamente esta demanda?

El círculo de Karadima, con la complicidad de Ezzati (Ricardo) y de Errázuriz (Francisco Javier), magistralmente dilataron todos los procesos canónicos para que los hechos prescribieran. Por lo tanto lo que buscamos esta vez es que la Justicia Civil establezca que ellos miraron para el lado cuando estaban pasando estos abusos, como lo prueba el veredicto de la Jueza González, que pidan perdón para que esto nunca más pase en Chile y que se siente jurisprudencia para que otra gente, que quizás no tiene los recursos para demandar ni acceso a abogados, pueda exigir justicia en los casos de abusos.

El tema de la reparación económica es para que las víctimas puedan tener acceso a costear sus terapias sicológicas y todos los gastos en que se incurre cuando inicias un proceso legal, que en nuestro caso hemos costeado de nuestro propio bolsillo. Así, estas personas pueden tener un camino pavimentado para futuro. Es una forma de poder ayudar a otros.

Pero la jerarquía eclesiástica nacional, en boca de diversos actores, ha  manifestado siempre “solidarizar con las víctimas”, ¿nunca hubo un acercamiento real y concreto de reparación con ustedes?

Cero, nada. Lo que nos lleva a iniciar esta demanda es justamente eso. Ellos (Errázuriz y Ezzati) constantemente se esconden, se escudan, se protegen y mienten. Lo que les importa es su prestigio, su poder y su jerarquía institucional, pero no las víctimas ni quienes han sufrido a causa de toda esta situación.

Lo único que han hecho, por su negligencia y su falta de preocupación, es destrozarle la vida a personas.

Si alguien me pregunta quién creo yo que representa fielmente ser anti evangelio y anti católico, yo apunto a Ezzati, a Errázuriz y a los cuatro obispos de El Bosque.

Hay mucha gente que te conoce a través de los medios de comunicación. Sin pregunta mediante, ¿Qué mensajes les darías?

A veces me siento tremendamente solo aquí en Estados Unidos, a pesar de que adoro mi trabajo y me va bien gracias a Dios. Sin embargo, en toda esta odisea agradezco el cariño de todas las personas que me lo manifiestan, porque me permite estar de pie y me da fuerzas para seguir adelante.

Las personas que me escriben por las redes sociales o quienes me saludan en la calle, de todas partes del mundo y sobre todo desde Chile, me mantienen firme y fuerte y eso me empuja a seguir esta lucha por las miles de víctimas silenciosas del abuso sexual en el mundo.

Si puedo ser su voz y ser una luz esperanza para ellos, me siento humildemente orgulloso.

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