Derechos Constitucionales: La contención del Estado

Derechos Constitucionales: La contención del Estado

09 Diciembre 2020

Circula por las redes sociales una encuesta sobre los temas que le interesaría a la gente incluir en la nueva constitución. La primera pregunta es sobre la importancia que le asignan al derecho a una “vida digna”.

Robert Weissohn >
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Se entiende como vida “digna” poder satisfacer las necesidades básicas. Desde luego es muy importante lograrlo, pero si el acceso a las necesidades básicas estuviera garantizado por el Estado, ya nadie tendría que esforzarse para lograrlo. No sería necesario trabajar para tener acceso a la alimentación, vestuario o vivienda. El Estado tendría la obligación constitucional de proveerlo.

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El problema es que esos servicios no son bienes libres como el aire o el sol. El pan debe ser amasado y horneado, la ropa debe ser confeccionada y las casas deben ser construidas por arquitectos, constructores y obreros, y todos tienen que trabajar duro para lograrlo. Pero la lista de peticiones no se detiene ahí. Educación, salud, jubilación, maternidad, paternidad, cultura, tiempo libre, etc.… se incluyen en la encuesta sugiriendo que es posible lograr por fin un país donde se superen todas las necesidades sin tener que trabajar.  El país de Jauja. 

Y si las personas ya no tuvieran la necesidad de trabajar para lograr su “vida digna”, ¿se ha preguntado quién les entregará gratis esos bienes? Porque el Estado no produce nada. Solo los individuos trabajan y producen. Con la garantía constitucional de poder acceder a una vida digna sin tener que trabajar, solo los más virtuosos continuarán esforzándose. El Estado caerá entonces sobre los que trabajen para confiscarle todo lo que puedan y tratar así de cumplir las promesas contenidas en la constitución. El desincentivo para trabajar provocará la escasez de productos y una pobreza generalizada. Tratar de lograr un paraíso en la tierra solo ha creado infiernos.

Desgraciadamente hay muchos ejemplos de cómo se han arruinado los países con esta fórmula. Las constituciones no son como una lista de regalos para el “viejito pascual”, donde todo lo que soñemos podrá ser posible. Nada ni nadie podrá sustituir aquella sentencia de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Pretender transformar las necesidades en derechos requiere implementar un Estado enorme y voraz, que utilice su poder de coerción para extraer los recursos de los que trabajan y entregarlos a los que no lo hacen. Pero las constituciones fueron creadas precisamente para lo contrario, para contener el poder del Estado, no para ampliarlo.

Max Weber define el Estado como el monopolio de la violencia y por eso es la institución más peligrosa para la libertad, ya que tiene la facultad de controlarnos, fiscalizarnos, multarnos, apresarnos y hasta matarnos cuando nos lanzan a sus guerras. De ahí la importancia de limitar ese poder que es aplicado sobre nosotros con un peso imposible de resistir.

El foco de atención de la nueva constitución debe estar en la contención del poder del Estado y en garantizar que reconocerá los derechos naturales de cada uno de nosotros, como son el derecho a la vida, a la libertad y a disponer libremente del producto de nuestro trabajo. Los auténticos derechos son aquellos que nadie nos puede quitar, no algo que otros nos tienen que entregar. Solo cabe reconocerlos y no corresponde que sean otorgados por nadie.

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