Elecciones a la chilena: ¿Valoramos atributos los electores?

24 Noviembre 2020

Esta es la dirigencia que ha tenido el control y de no mediar un cambio profundo, seguirá en lo suyo, de mediocre desempeño, acostumbrada a los privilegios e inmunes a la desidia, para terminar creyéndose, con el aval de la arrogancia, por sobre la ley.

Roberto Bravo >
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En campaña, la exigencia a los candidatos es que reditúen los votos para ser electos; capacidades y compromiso, se verá en el camino. Inhabilidades, mientras no medie una resolución judicial, no cuentan.

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Las campañas como el papel, aguantan cualquier cosa, los candidatos en los medios con respuestas para esto y aquello; por escrito, poco y nada. Precario disenso, lo mínimo para diferenciarse, por lo que no hay muchos atributos que permitan distinguir. Habilidades, competencias -que no tienen que ver con formación académica-, y fortaleza moral, para representar intereses declarados son las incógnitas.

Será mucho evaluar méritos, compromiso político, algo más complejo que fichar parientes, amigos o a los de siempre. Cuántos incumbentes surgieron de la designación en una oficina central, fuera de las vaciadas sedes partidarias o por decisión de los controladores de un partido en una circunscripción electoral.

Construir liderazgos desde el apellido y/o la designación, corre el riesgo de ser superfluo, más obsecuencia que liderazgo, más estética que ideología. Como en elecciones anteriores, el mal menor seguirá campeando.

Las formas en política se han hecho un componente importante, de ahí la falta de consistencia y su vaciamiento. Al prescindir de ideas y propuestas, se quedó solo en la pulsión de intereses, que no necesariamente son los de sus representados.

Alianzas electorales solo pensadas en el poder e inviables acuerdos por recriminaciones, propias de enconados adversarios; no habiendo ideas, el consenso que buscan es solo humo. Imaginar confianzas parece una rareza, ni hablar de elaborar programas, que ellos mismos reconocen no leer.

Los candidatos a la Convención Constitucional aún no se conocen, Alcaldes y Gobernadores ya están en carrera. Los primeros, un año para un gran trabajo, nada menos que redactar la constitución y una menguada dieta; obviamente comparada con funcionarios, ediles y parlamentarios. Los segundos, parten con cuatro años en el cargo, onerosas dietas y una carrera política por delante; la señal está clara.

Con años dedicados a la política, que hablen de corrido e hilvanen algunas ideas, es lo mínimo. Cuando efectivamente den cuenta de sus acciones, habremos avanzado en pendular de la imagen al contenido, de la estética a la ideología, del apellido a la capacidad, del voluntarismo a la resolución, de la promesa al compromiso.

Políticos auto-exentos, tramitar permisos de edificación y pagar contribuciones lo deben considerar de mal gusto, internalizaron cándidamente otro privilegio, alejados de toda consideración hacia sus votantes. A quienes sí contribuimos, el SII y la TGR, nunca nos sacan del radar; si nos atrasamos en pagar, nos llaman; si persistimos, nos expropian.

Esta es la dirigencia que ha tenido el control y de no mediar un cambio profundo, seguirá en lo suyo, de mediocre desempeño, acostumbrada a los privilegios e inmunes a la desidia, para terminar creyéndose, con el aval de la arrogancia, por sobre la ley.

En el senado no hay más compromiso ni racionalidad política que en la cámara de diputados, las conductas y capacidades exhibidas no dan cuenta de altos estándares, compatibles con sus responsabilidades y rentas.  La farsa no tiene ideología, si estética; no aquella que tiene que ver con filosofía y belleza, sino con apariencia y levedad.

Cuando los ciudadanos valoremos el rol comunitario y del Estado, las elecciones tendrán sentido; no será necesario invocar patriotismos ni deberes cívicos para convocar.

Si la política logra hacer el cambio, habremos ganado en expectativas respecto de una mejor sociedad; de nosotros también depende que suceda.

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