El retorno a casa: Nuestro símil con la naturaleza

El retorno a casa: Nuestro símil con la naturaleza

16 Septiembre 2020

Tenemos historias en nuestra región que nos cuentan de los primeros habitantes de la Patagonia y de otros seres que poblaban también nuestro actual territorio chileno, quizás algunos descienden de ancestros muy lejanos en la distancia como aquellos primeros en Europa, en África o desde Asia.

Alfredo Soto >
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El 1 de Septiembre se abrió de manera controlada y solo para los habitantes de la Provincia de Última Esperanza, el Parque Nacional Torres del Paine. Siendo nativo de Puerto Natales y encontrándome a 400 kilómetros y con un cordón sanitario entremedio, sentí mucha alegría por quienes sí pudieron aproximarse y hacer los primeros ejercicios de un turismo doméstico, controlado y responsable. Lógicamente con ciertas normas tanto en la duración del mismo como en la cantidad de participantes y lugares a visitar.

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¿No creen ustedes que así debiera ser la aplicación del concepto de sustentabilidad en el turismo? guardando las proporciones obviamente ante una temporada normal donde todos los accesos estarían abiertos. Habría muchos reclamos, eso es cierto y muchas presiones ante la restricción del flujo de caja de las empresas privadas instaladas y aquellas flotantes que se activan solamente para la temporada.

Pero el tema que me convoca es la acción misma de las personas que sabiendo de esta apertura se animaron a desarrollar su desplazamiento después de pasar un buen tiempo confinado en la ciudad. Bien es sabido del gusto de las personas por caminar en un bosque, atravesar valles y navegar ríos, fiordos o lagos, para cualquiera es muy llamativo y si se es invitado aún mejor.

El turismo se aboca a desarrollar las oportunidades para que personas puedan visitar diversos lugares emblemáticos que le permitan escapar un poco de las estructuras urbanas que de por sí no son naturales y hoy día más que la posibilidad de recrearse, esto se convierte en una terapia necesaria. Existe para ello un llamado intrínseco en el espíritu humano de poder acceder a los espacios naturales. ¿Qué es ese llamado?, ¿a qué corresponde darse el esfuerzo por conocer lugares en que predomina la naturaleza? Una de las primeras acciones al salir a la naturaleza y por mi condición de profesor quienes me acompañan por lo general son estudiantes, sean escolares o universitarios, lo primero que hago es detenerme en un lugar previamente elegido que me permita utilizar el entorno por un lado urbano y por el otro el entorno “natural”.

En ese espacio, les pregunto a mis dirigidos ¿dónde está la casa? Obviamente desde donde estamos todos apuntan en diferentes direcciones hacia la ciudad, a lo que respondo ¿están seguros que allá está su casa? todos responden afirmativamente. Entonces cambio la pregunta ¿de dónde provenimos?, ¿dónde están nuestros orígenes? y allí mágicamente los estudiantes entran en dudas y algunos con plena convicción apuntan a los espacios naturales… es verdad… allí donde vemos los bosques, donde vemos que transita un torrentoso río, donde viven las aves y se desplazan diversos habitantes en condiciones que denominamos “animales”, allí nuestra casa original.

Fuimos seres que vivíamos en plena naturaleza, tenemos historias en nuestra región que nos cuentan de los primeros habitantes de la Patagonia y de otros seres que poblaban también nuestro actual territorio chileno, quizás algunos descienden de ancestros muy lejanos en la distancia como aquellos primeros en Europa, en África o desde Asia.

Seguimos en nuestra excursión y vamos tomando las herramientas didácticas tal cual se nos presenta en lo inmediato y acá viene otra pregunta ¿en qué nos parecemos a ese añoso árbol que se mece con el viento que nos cubre? en principio cuesta responder, pero siempre hay jóvenes y niños muy despiertos por responder lo que se le venga a la cabeza que es a donde apunta mi pregunta, recibo respuestas tales como “nosotros tenemos brazos y los árboles ramas”, “nosotros tenemos cuerpo y aquel árbol tiene tronco”, “oh, nosotros también tenemos tronco…” y así insospechadamente comienza una fiesta de comparaciones que ayudan a comprender cuán similares somos y así entonces vamos por el río. ¿En qué nos parecemos al río? tenemos torrente sanguíneo y el río también tiene un torrente. Las aves tienen plumas, nosotros pelos… más de algún alumno divertidamente hace alusión a que no todos tenemos pelo, pronunciándose indirectamente y de manera jocosa a mi prominente calvicie.

Y así vamos por nuestra excursión impregnándonos no sólo de la capacidad que tiene el bosque de otorgarnos el oxígeno que requerimos sino como nosotros le entregamos nuestras respiraciones de ya oxígeno usado para beneficio de plantas y árboles. Sin embargo, a pesar de la clara evidencia de que los seres humanos son seres naturales y tanto su modo de vivir como de actuar es perfectamente natural, se está desarrollando una opinión que casi ni vemos ni detectamos, excepto quienes trabajamos en lo cotidiano con estos temas y que en cierto modo vuelve a distanciar al hombre de la naturaleza.

Está opinión, curiosamente, se halla presente en personas que parecen tener una gran preocupación por una naturaleza unitaria. Así se vuelve a enfatizar lo natural como opuesto a lo humano, como si fuera más natural que las aves construyan un nido a que los humanos se construyan una vivienda, eso es llegar a un extremo incomprensible. Esto es un arma de doble filo. Porque esos pensamientos llevan a acciones en contra de la naturaleza pero al mismo tiempo en contra de nuestra naturaleza humana.

Ya la tenemos evidentemente en nuestras vidas y no nos queda más que habituarnos o adaptarnos para seguir con este milagro natural que es la vida. Se nos vienen momentos de cambios muy profundos, en que los pensamientos añejos definitivamente quedarán atrás y volverán a nacer nuevas ideas y tengo la esperanza que así sea que nuestros rasgos homínidos nos aproximen a querer aún más a la naturaleza, a ser más condescendientes en cuanto a sus impactos y tener la certeza de que mientras yo cuide mi entorno me estoy cuidando a mí mismo y a los demás.

Vamos entonces con estas disciplinas de salud ante la pandemia a transferir estos mismos ejercicios con la naturaleza que siempre tiene la paciencia y la sabiduría de esperarnos para reaccionar y revertir nuestros comportamientos… ella mejor que nadie sabe que a muchas de nuestras civilizaciones por no hacer caso de estos pulsos y ritmos de conciencia, les sobrevino la brutal y destinada extinción.